Administrador de fincas ¿profesional o amateur?

AAFF ¿profesional o amateur?

Administrador de fincas ¿profesional o amateur?

Para tratar este tema pensemos primero en actividades conocidas por todos. Pensemos por ejemplo en el mundo de la música. O en el de la literatura. Pensemos, cómo no, en deportes. Y en cualquiera de esas áreas nos podemos encontrar con profesionales o amateurs. ¿Cuál es la diferencia entre ellos?

Pues la mayor diferencia está, normalmente, en la retribución. Los primeros hacen lo que hacen y perciben unos ingresos por ello, mientras que los segundos lo hacen por afición.

Centrémonos en otra diferencia: la dedicación. Los primeros se dedican a ello a tiempo completo, mientras que los segundos, como no viven de ello, le dedican su tiempo de ocio.

Hay más diferencias, por ejemplo la competencia. El profesional se mide en un entorno muy competitivo. Cada cliente, cada objetivo, cada marca deportiva, cada canción, pugna por desplazar a otros en el mercado en el que compiten. No así el amateur, que haga lo que haga, lo hace en un entorno más relajado, donde no importa tanto el resultado final sino el camino emprendido.

Seguimos con las diferencias: el profesional es más constante en su trabajo, supera mejor las dificultades que van surgiendo, es más resiliente que el amateur. Éste último puede verse deslumbrado por algún éxito, pero ante las dificultades cederá, porque no tiene ni el tiempo, ni los recursos ni los conocimientos del primero.

Continuemos: el profesional es un experto en su materia. Se provee del mejor material. Tiene estudiadas sus tareas y sus procesos hasta el más mínimo detalle. Trabaja con un método. Su objetivo es la excelencia en su labor, cosa que se consigue a través de corregir, mejorar y repetir. El profesional tiene un método. El amateur improvisa.

El profesional en definitiva es más capaz, obtiene los mejores resultados y focaliza todos sus esfuerzos (recordemos que su sustento depende de ello) en la obtención del mejor resultado.

Centrémonos ahora en la profesión que a todos nos interesa: la administración de fincas. 

¿Existe la figura del administrador amateur? Reflexionemos. 

Podría parecer a los ojos de un profano que administrar fincas es una tarea que no entraña excesiva complejidad. Craso error. Llegados a este punto me permito señalar una cuestión que casi nadie suele mencionar pero que todos conocemos: el acceso a la profesión. 

Podemos llegar a ser administradores de fincas colegiados directamente si hemos realizado estudios tales como Graduado Social, Ingeniero Técnico Agrícola, Licenciado en Antropología, Licenciado en Filosofía y Letras o Veterinario, por poner sólo cinco ejemplos. Cierto es que muchos administradores son licenciados en derecho o economistas, lo que, a priori, parece una formación más adecuada para la labor que van a desempeñar. También es cierto que en la actualidad existen estudios específicos para acceder a la profesión – lógico – como también lo es que quien quiera aprender bien la profesión tiene al alcance de su mano el material suficiente como para formarse sin problemas.

Pero de lo que no cabe duda es de la falta de lógica que encierra el que las personas que hayan cursado estudios en las carreras antes citadas – hay muchos más ejemplos – estén capacitadas para administrar fincas. ¿Es lógico que se pueda acceder a la profesión desde estudios tan variopintos y cuyo contenido es totalmente ajeno a la profesión de la que hablamos?

¿Qué puede ocurrir en el caso de que personas con estudios no “adecuados” accedan a la profesión? Pues que si no se forman, ni tienen experiencia en otros despachos (la experiencia es la mejor escuela), en principio podríamos calificarlos de administradores amateurs o aficionados. No podríamos siquiera hablar de intrusismo profesional, ya que ellos cumplen con la normativa.

Tengo la fortuna de tener entre mi clientela, mis conocidos y mis amigos a muchos administradores profesionales que me reconocen, en petit comité, que con cierta frecuencia acaban en sus despachos comunidades escaldadas por malas gestiones, con errores de bulto propiciados por el desconocimiento de normativa, legislación o sencillamente por desconocer los procedimientos adecuados para gestionar una comunidad con rigor.

La administración de fincas exige tratar a cada comunidad como si fuera una micropyme, con todas las obligaciones que ello entraña. Y no, eso no resulta tan sencillo. Hacen falta criterios empresariales.

Considero imprescindible profesionalizar la profesión (valga la redundancia) y separar a los profesionales de los aficionados. Los primeros añaden un valor que no pueden proporcionar los segundos. No trabajan de la misma manera, no hacen la misma labor. La formación y el establecer unos procedimientos determinados, con las herramientas adecuadas, nos conducirán a un sector más profesional.

Volviendo a la analogía con el mundo del deporte, su profesionalización, por ejemplo, ha permitido batir marcas y récords con los años; los cambios de alimentación, los entrenamientos más adecuados o la evolución de los materiales han permitido superar resultados anteriores.

Esta filosofía creo que ha de trasladarse al mundo de la administración de fincas, primero porque quien no lo haga será eliminado del mercado por la competencia más profesional, y segundo porque los requerimientos de los clientes (comuneros) y de la Administración cada vez serán mayores y exigirán una gestión más y más … profesional.