Administración de fincas y la bola de cristal

Administración de fincas y la bola de cristal

Administración de fincas y la bola de cristal

Mi mejor amigo es fisioterapeuta. Es un profesional brillante, se gana muy bien la vida. No le falta trabajo. Hace unos días hablaba con él sobre el futuro más o menos cercano que nos espera a todos profesionalmente. Y el de nuestros hijos. Ni los más escépticos niegan ya que ellos -y muchos de nosotros- descubriremos en los próximos años profesiones que hoy todavía no existen. Lo que inevitablemente, llevará a la desaparición o transformación de otras que hoy existen.

Mi amigo el fisioterapeuta, está sin embargo tranquilo. Ninguna máquina va a reemplazar mis manos, me dijo. Y en buena medida tiene razón. Él genera valor cada vez que trata a sus pacientes con sus propias manos. Cierto es que se vale de radiografías, de escáneres o de máquinas de ondas de choque para hacer mejor su trabajo, pero la naturaleza misma de su actividad, el core, aquello por lo que sus pacientes le pagan, es por su conocimiento del cuerpo humano, por el tratamiento de las lesiones y por el trabajo que realiza con sus manos.

Llegamos por lo tanto a la conclusión de que, profesionalmente, la población se divide entre aquellos cuya actividad es de difícil reemplazo, ya sea porque, como lo que hace mi amigo, hacen falta “manos” o porque, en definitiva, la profesión requiere de un talento humano que no se puede copiar; y por otro lado aquellas profesiones cuya tareas principales son repetitivas, mecánicas y por lo tanto automatizables.

Aquéllos que pertenecen al segundo grupo han de ser conscientes de que su puesto corre peligro y han de tratar de reciclarse para ganarse la vida

Pensemos ahora en el sector de la administración de fincas. Supongamos que vamos a ser capaces de automatizar o externalizar muchas de las tareas que hoy consumen buena parte de los recursos de un despacho. Dejemos pues, poco tiempo y pocos recursos humanos para la gestión económica del despacho, para la resolución de las incidencias sencillas, para la gestión de los contratos con los proveedores, trámites administrativos, etcétera. En otro post nos centraremos en cuáles son estas tareas

¿Qué ocurrirá si lo conseguimos? “Desnudaremos” la profesión y nos quedaremos con la experiencia y el conocimiento profundo de las leyes o normas que rigen nuestro trabajo (LPH, normativa sobre alquileres, pisos turísticos, normativa urbanística, subvenciones, etcétera) sobre la que se sustenta la profesión de un administrador. Hablamos aquí de conocimiento y de esa fuente nace el asesoramiento. Esto se puede hacer, esto no; esto conviene, esto no….Pero al fin y al cabo ese asesoramiento no nos ocupará todo el día y nos “sobrará” ese recurso (el tiempo), situación ante la cual podemos adoptar tres posturas:

Estamos acostumbrados a hablar de fincas o propiedades que son el origen de nuestro trabajo, pero en realidad nosotros tratamos con personas. Con propietarios. Con vecinos. Y el papel -insustituible-del administrador reside en la mediación ante los inevitables conflictos que nacen de las relaciones humanas. Es ahí donde mostrará su habilidad para resolver las disputas. Para encauzarlas a buen fin. Esto ya se hace en la actualidad, aunque probablemente se pueda hacer más y mejor.

  • Nos dedicamos a vivir mejor, trabajando menos. Una de las consecuencias de la implantación de soluciones tecnológicas en nuestros despachos posibilitará que dispongamos de más tiempo. Leía hace unos días un acertado artículo de Marc Vidal sobre esta cuestión – “Abrazar la tecnología nos hará más humanos porque tendremos más tiempo”. Disponer de más tiempo nos permite ser más humanos, y disfrutar más de nuestra familia, y de nuestras aficiones.
  • Al disponer de más tiempo, podemos captar más clientela y por lo tanto mejorar la cuenta de resultados de nuestro negocio. Es un objetivo tan loable como el primero. Además, aunque ofrezcamos el mismo servicio, podemos mejorarlo respecto a la competencia. Ser más rápidos. Ofrecer la inmediatez que reclama hoy el mercado. Ser más transparentes y ofrecer más y mejor información.
  • Podemos ofrecer nuevos servicios, una especie de paquete “premium” que, además, debería permitirnos cobrar unos honorarios más altos. Pero entiendo que esos servicios novedosos (o no tanto) han de proceder de dos ramas:

Pero entiendo que su papel podrá ir más allá; no nos centremos sólo en los problemas. El administrador, por qué no, ha de ser capaz de promover relaciones constructivas entre vecinos, de generar sinergias entre los habitantes de esas propiedades que administran. De poner en contacto a la persona A con la B en beneficio de ambos. Y por qué no, el administrador ha de ser capaz de ofrecer servicios individualmente -en base a la información que posee- a cada propietario o vecino. Y por supuesto cobrar por todo ello.

En definitiva, creo que la profesión se transformará más hacia las personas y menos hacia las fincas. Quizás ése no sea el enfoque. No lo sé. Quizás me estoy dejando llevar por mi imaginación. Pero de lo que estoy seguro, es de que el trabajo del administrador no será picar facturas. O revisar formularios para ver cuándo vence el contrato de mantenimiento del ascensor. O perseguir al proveedor, que no le coge el teléfono, para que arregle la cerradura del portal.

De todas formas, de lo que parece que no hay duda, es de que la dichosa pandemia está actuando como catalizador del cambio. El cambio se acelera… porque no queda más remedio. Dejando de lado el drama humano que conlleva la COVID19, en términos de vidas humanas y en términos económicos, lo que es cierto es que la imposibilidad de desplazarnos y el teletrabajo han dejado al descubierto nuestras carencias y nos empujan hacia un cambio en el que la tecnología, bien entendida, será una herramienta que nos brindará un sinfín de oportunidades profesionales.

¡Aprovechemoslas!