¿Comprarías este ordenador?

¿Comprarías este ordenador?

Cuando alguien se sienta en el salón de su casa a ver una serie o película normalmente lo primero que intenta hacer es situarla geográfica y cronológicamente. Para ayudarnos en ambos casos, normalmente se sobreponen a las imágenes unos subtítulos que nos indican ambas cosas. 


De todas maneras, si nos despistamos en ese instante de la película, no será difícil que nosotros mismos saquemos conclusiones acerca de la época en la que está situada la serie en cuanto nos fijemos en algunos pequeños detalles. Los peinados o la ropa suelen ser buenas pistas, aunque a mi me gusta más fijarme en determinados artilugios tecnológicos como son los móviles, los ordenadores o los coches que aparecen tras la pantalla. 


Cuando uno tiene una cierta edad reconoce a menudo cualquiera de estos artilugios porque en su momento tuvo uno igual o parecido. El tamaño de los móviles, por ejemplo, ha ido creciendo con los años de manera desmesurada, de la misma manera que han perdido sus teclas físicas. De la misma manera han crecido las pantallas de los ordenadores, han perdido su característica “espalda”y no digamos ya lo que han aumentado sus prestaciones. En los vehículos el cambio tampoco ha sido baladí: cada vez han sido más aerodinámicos, más silenciosos, más respetuosos con el medio ambiente.
Me estaba fijando en todas estas cosas cuando veía hace unos días una película de los años 90, y repentinamente me surgió una pregunta – ¿un tanto absurda? – que comparto en estas líneas.
¿Qué ocurriría si intentáramos vender cualquiera de los aparatos de los que hablábamos antes en la época actual?
Pues me temo que tendríamos muy poco éxito. con todos ellos.
Los teléfonos de los años 90 no eran “inteligentes” y servían para hacer y recibir llamadas; así que no creo que se vendieran precisamente como rosquillas (apuntemos que este tipo de móviles se vende, todavía, con unas teclas de tamaño aumentado, para gente de la tercera edad)


Los ordenadores de aquella época tampoco tendrían mucho éxito hoy en día sobre todo porque con la potencia de los procesadores de aquella época hoy serían poco más que inservibles. No podrían procesar los programas actuales.


En cuanto a los coches, podrían tener un pequeño mercado por los anhelos juveniles de los que hoy peinan canas, aunque ninguno de ellos superaría las leyes anticontaminación que tenemos vigentes hoy en día. 


En resumidas cuentas, estos productos desactualizados y no adaptados a las necesidades del año 2021 serían un fracaso comercial. Ninguno de nosotros compraría un producto así para nuestro negocio.


Hasta aquí, estamos todos de acuerdo. Ahora bien, pensemos ahora en personas, y no productos de los años 90. Un trabajador que comenzara su andadura profesional en aquella época habrá acumulado una experiencia laboral de 25-30 años. Lo cual, a priori, es un activo de esta persona y puede resultar muy valioso para la empresa que lo contrate. 


Ahora bien, indaguemos un poco más en este trabajador. ¿El trabajo que hace esta persona se asemeja al que hacía en los años 90? En caso contrario, ¿se ha modificado? ¿Se ha adaptado bien a los cambios?
¿Qué formación ha recibido a lo largo de estos lustros? ¿Se la ha proporcionado su empresa? ¿Se la ha buscado la propia persona? ¿Qué tal se ha adaptado esta persona a las nuevas tecnologías? ¿Qué tal se adapta en general a los cambios? ¿Se han potenciado y enriquecido las habilidades de esta persona con el transcurso de los años ? ¿O se queja cuando tiene que hacer novedoso?
Con todas estas preguntas no quisiera incomodar a nadie, sólo señalar que hay un porcentaje de la población ocupada que por las razones que sean (no seré yo juez de nadie), no se ha reciclado ni ha recibido formación alguna a lo largo de los años (a veces muchos). Y la monotonía, el día a día y la falta de interés y de ilusión pueden acabar con profesionales desmotivados y por lo tanto malos para cualquier empresa.


Y así como nadie compraría un ordenador del año 1995 para gestionar su despacho, ¿contrataría alguien a un trabajador con la mentalidad “anclada” en el año 1995? ¿Lo querrías en tu equipo?
P.D. No quisiera asociar la apatía profesional de la que estoy hablando con personas de una cierta edad, ya que no sería justo. Existen trabajadores jóvenes que arrastran también esa apatía, que por supuesto no se forman y que acabarán siendo un lastre para su empresa, mientras que conozco profesionales próximos a su jubilación con las ganas de aprender de un chiquillo.


Como decimos siempre la parte más importante de una empresa la conforman las personas que allí trabajan. Fichemos en nuestro equipo personas con actitud positiva, con mentalidad abierta y con ganas de aprender …. ¡siempre!