Administrador de … ¿pago por uso?

Administrador de … ¿pago por uso?

Desde estas líneas hemos comentado en repetidas ocasiones los cambios que han ido produciéndose en el entorno de los consumidores. Una de las cuestiones que menos gusta a los clientes actuales (cuanto más jóvenes más reacios son), es el compromiso -en general- pero con las empresas en particular. Del rechazo al compromiso nace el concepto de pago por uso. O quizás sea al revés (¿qué fue primero, el huevo o la gallina?).


La cuestión es que hoy en día es posible disfrutar de productos o servicios por los cuales yo pago una cantidad de dinero concreta y después ….pues ya veremos si vuelvo a requerir esos servicios…o no.
Esto en general no ha sido plato de buen gusto para las empresas, que siempre han preferido tener ingresos recurrentes y más o menos asegurados durante el mayor período de tiempo. ¿Puede haber algo más atractivo que tener la certeza de que un cliente va a estar ligado a nuestra empresa durante “X” meses o años? Ingresos asegurados vs. ingresos inciertos. El sueño o la pesadilla de cualquier empresa.
¿Y cómo se conseguía esa fidelidad? Pues de múltiples maneras. Exigiendo por ejemplo una cuota de alta relativamente alta para acceder a unos servicios (cuota que uno perdía si se daba de baja), estableciendo unas condiciones ventajosas (o aparentemente ventajosas) a cambio de una fidelidad (permanencia) a esa empresa que se materializaba en una penalización si se deshacía el compromiso. Otra manera clásica de retener clientes era – y es- la financiación de sus productos, a plazos cuanto más largos, mejor. 

La cuestión es que en el 2021 puedo utilizar un patinete eléctrico durante un trayecto sin comprarlo, puedo ver una película en mi casa pagando por ella sin tener que hacerme socio de un videoclub (¿alguien los recuerda?) o incluso puedo hacerme con la moto o el coche de mis sueños, nuevecito sin estrenar, pagando una cuota durante períodos de tiempo muy cortos. Luego si quiero, lo devuelvo. Puedo incluso abrir una cuenta bancaria sin moverme de mi casa y cambiar mi hipoteca de uno a otro banco con una facilidad impensable hace unos años. Puedo comprar un libro por Amazon y no volver a hacerlo nunca más (aunque seguro que repetiré) mientras que hace unos lustros los lectores habituales eran socios del Círculo de Lectores (R.I.P.), que me obligaba (sí, me obligaba) a comprar un libro cada mes, creo recordar.


Como decíamos, todo esto ha cambiado en beneficio del cliente generando una incertidumbre a las empresas que, carentes de una parcela de poder que antes tenían, tienen que hacer negocio bajo un entorno no del todo previsible (¿volverán a comprarme?) utilizando el mejor arma que tienen: satisfacer al cliente una y otra vez .
En este ambiente de no compromiso, no ya sólo con las empresas, sino en muchos ámbitos de la vida (esto ya es terreno de la sociología) nos encontramos con un negocio, el de la administración de fincas, que todavía se rige por ese atractivo de cobrar de manera recurrente por los servicios que presta. Además, los cambios de administrador no son tan sencillos de realizar, entre otras cosas porque hay que poner de acuerdo a unos cuantos comuneros y cuantas más personas intervengan en una decisión, más difícil es tomarla. Así que entre una y otra cosa, parece que la administración de fincas y el pago por uso son un oxímoron. ¿O no?
Pensemos en el administrador “X.0.” (no sé por qué número vamos) .

Parece claro que el sector se dirige sí o sí hacia una revolución, hacia un cambio profundo en su funcionamiento. Cuestiones que han sido hasta la fecha una de las piedras angulares de los despachos, como la contabilidad, tienden hacia una automatización – llegará a ser total, de verdad – o hacia una externalización (que la haga un tercero). También lo serán otras tareas más o menos repetitivas. Tanto si se opta por la primera opción o por la segunda, lo cierto es que determinadas Comunidades de Propietarios podrían tomar la decisión de ser ellas mismas las que autogestionen determinadas cuestiones. 


Exponer este tema puede parecer una mezcla entre una utopía y un sacrilegio, pero basta en mirar hacia otros sectores o incluso hacia el mismo sector de la administración de fincas, pero en otro país (por ejemplo Matera – Vive la copro libre !) para ver que esto que estamos proponiendo no es descabellado. Soluciones como ésta que señalamos pueden tener un enfoque abiertamente anti-administrador (como el ejemplo antes señalado), porque tratan de suplantar su papel, no de colaborar con él. Desde mi punto de vista, este tipo de empresas parten de un axioma: suponen que la labor del administrador de fincas no tiene ningún valor, lo cual es rotundamente falso.


Pensemos sin embargo con un espíritu más constructivo y tomemos este hipotético futuro más como una oportunidad que como una amenaza. ¿Por qué una oportunidad? Pues porque no todas las comunidades de propietarios de España están gestionadas por un administrador de fincas (ni mucho menos). La mayor parte de las comunidades que no cuentan con la ayuda de un profesional son comunidades pequeñas a las que la contratación de un profesional les puede suponer un esfuerzo muy importante y son mercado objetivo de soluciones de autogestión.


Este tipo de comunidades, sin embargo, requieren, como las más grandes, de asesoramiento, control, mantenimiento del edificio, gestión de incidencias y obras cuando procedan, y un larguísimo etcétera. En ese sentido, el administrador podría acabar ofertando servicios para cuestiones concretas, ya sea la convocatoria de una Junta, la mediación ante algún conflicto grave, la gestión de un impago o la dirección de una obra importante. Pago por uso (o por consulta, o por gestión), puro y duro. Ampliamos nuestro negocio, aunque el modelo difiera del que tenemos hoy en día.


En las comunidades más grandes y por lo tanto más complejas será más difícil que esto ocurra pero en cualquier caso, debemos de estar preparados, con la mentalidad más abierta y con las mejores herramientas posibles para seguir haciendo lo que mejor sabemos hacer: satisfacer las demandas y deseos de nuestros clientes.